El estómago está interconectado con el cerebro, de ahí que los estados emocionales se manifiesten en forma de síntomas. El aparato digestivo está regulado por el sistema nervioso autónomo, que a su vez está condicionado por la mente y las emociones. Cuando nos presentamos a un examen, a una entrevista o nos enamoramos notamos cambios en nuestro estómago. En las consultas de atención primaria es muy común que las personas se quejen de molestias, hinchazón, estreñimiento, falta o exceso de apetito, gases o diarrea. Una vez descartado lo físico, entra en juego la salud mental y hay que indagar de dónde pueden venir. Son señales de alarma de que algo no anda bien y nos avisan para que empecemos a cuidarnos. Por ejemplo, la ansiedad se relaciona estrechamente con las molestias estomacales, afectando nuestra calidad de vida. El 70% de las molestias estomacales están provocadas por el estrés.
¿Qué podemos hacer? Detectar el origen de ese estado de ánimo e integrar estrategias de afrontamiento. Por otro lado, es adecuado introducir en nuestra rutina diaria ejercicios de respiración y relajación. La meditación también puede ayudarte ya que con la práctica mejoras la concentración y reduces el estrés.