¿POR QUÉ EVITAR NO SENTIR MIEDO?

Seguro que si pudieras elegir, pedirías sentirte bien todo el tiempo y esto incluye no tener miedo. Es algo bastante entendible porque preferimos sentir emociones positivas todo el tiempo, es el ideal al que aspirar.

Sin embargo, ante peligros inminentes el miedo nos pone alerta y nos aleja de estímulos que podrían hacernos daño, siendo esto muy adaptativo. La vida está formada por vivencias de todo tipo y el miedo nos acompaña en momentos de nuestra vida. Además siempre hay un aprendizaje detrás de las situaciones que nos asustan, te conoces más a ti mism@ y aprendes estrategias para desenvolverte en este tipo de situaciones.

El objetivo es aceptar esa parte y actuar aunque sintamos miedo. Obviamente estamos hablando de acciones que nos llevarán a sentirnos mejor a largo plazo y a conseguir nuestros objetivos. Como siempre digo no se trata de eliminar sensaciones incómodas sino de poder actuar aun sintiéndolas. La única manera de que el miedo se reduzca y poder convivir con su presencia es exponerse a él. A más evitación más grande se hace y esa la bola de nieve  en forma de miedo no parará de crecer. Se trata de experimentar, así que te propongo que hagas algo que te da miedo y veas qué pasa, cómo te sientes en ese momento y cómo te sientes después.

El miedo puede venir marcado de forma innata, como por ejemplo el miedo a las serpientes; se puede adquirir a través de la observación directa; o del condicionamiento de estímulos.

Cuando el miedo es muy intenso e interfiere con tu día a día, termina por convertirse en trastornos como pueden ser las fobias, ataques de pánico etc. De ahí, la importancia de trabajar los miedos a través de la terapia.