¿NOTAS ALGUNA MOLESTIA EN EL ESTÓMAGO?

El estómago está interconectado con el cerebro, de ahí que los estados emocionales se manifiesten en forma de síntomas. El aparato digestivo está regulado por el sistema nervioso autónomo, que a su vez está condicionado por la mente y las emociones. Cuando nos presentamos a un examen, a una entrevista o nos enamoramos notamos cambios en nuestro estómago. En las consultas de atención primaria es muy común que las personas se quejen de molestias, hinchazón, estreñimiento, falta o exceso de apetito, gases o diarrea. Una vez descartado lo físico, entra en juego la salud mental y hay que indagar de dónde pueden venir. Son señales de alarma de que algo no anda bien y nos avisan para que empecemos a cuidarnos. Por ejemplo, la ansiedad se relaciona estrechamente con las molestias estomacales, afectando nuestra calidad de vida. El 70% de las molestias estomacales están provocadas por el estrés.

¿Qué podemos hacer? Detectar el origen de ese estado de ánimo e integrar estrategias de afrontamiento. Por otro lado, es adecuado introducir en nuestra rutina diaria ejercicios de respiración y relajación. La meditación también puede ayudarte ya que con la práctica mejoras la concentración y reduces el estrés.

QUÉ ESPERAR TRAS EXPERIMENTAR UN TRAUMA

Todos en algún momento de nuestras vidas vamos a experimentar un suceso o una vivencia traumática que nos inducirá daño psicológico. Puede ser desde un desastre natural (erupción de un volcán, inundaciones), experiencias de gran impacto emocional como la pérdida de un ser querido o una ruptura sentimental.

La palabra trauma proviene de un concepto griego que significa “herida”. En psicología podemos definirlo como “choque o impresión emocional muy intensos causados por algún hecho o acontecimiento negativo que produce en el subconsciente de una persona una huella duradera que no puede o tarda en superar”.

Puede ocurrir a cualquier edad, siendo más impactante cuando más joven se es, debido a la falta de recursos. Un trauma es algo que  no  podemos manejar y suele ser necesaria la terapia para poder seguir adelante y que no se cronifique en el tiempo desembocando en un trastorno por estrés traumático. Se experimenta un sentimiento de miedo intenso, de indefensión, pérdida de control y de amenaza.

Dentro de las respuestas emocionales y psicológicas, una persona que ha experimentado un trauma puede sentir: negación, ira, miedo, tristeza, vergüenza confusión, ansiedad, depresión, culpa, irritabilidad, dificultad para concentrarse. Los flashbacks, o escenas retrospectivas, cuando una persona revive el evento traumático en su mente, son comunes, al igual que las pesadillas.

Junto con una reacción emocional, el trauma puede causar síntomas físicos, como: dolores de cabeza, síntomas digestivos, fatiga, aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, sentirse nervioso. A veces, se experimenta hiperexcitación, que es la sensación de estar en alerta constante. Esto puede hacer que sea difícil dormir.

Podemos hablar de estrategias de afrontamiento disfuncionales en un trauma  como puede ser: la autocrítica, el abuso de sustancias, el alejamiento social, conductas de riesgo, agresividad o excesiva complacencia, negación del problema. Nuestra personalidad es uno de los factores que es fundamental a la hora de gestionar el trauma.

Lo recomendable es empezar terapia psicológica para sanar esa herida y que no arrastre otras consecuencias negativas en tu vida. Nadie nace preparad@ para gestionarlo, así que lo mejor es pedir ayuda y no dejarte para el final.

SENTIR LA ANSIEDAD

¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?

La ansiedad es un mecanismo adaptativo natural que nos permite ponernos alerta ante situaciones peligrosas y/o amenazantes. Una ansiedad moderada puede ayudarnos a mantenernos concentrados y afrontar los retos que tenemos por delante.

Sin embargo, a veces el sistema de respuesta a la ansiedad se ve desbordado y funciona incorrectamente. Aparece un nivel de ansiedad  desproporcionado con la situación o en ausencia de cualquier peligro. Cuando es muy intensa e interfiere con las actividades normales de la persona, entonces se la considera como un trastorno. Es un sentimiento de miedo, temor e inquietud muy intenso.

Se puede deber a causas genéticas, hechos traumáticos, al consumo de  ciertas sustancias y por experiencias vitales significativas. La ansiedad se manifiesta con síntomas mentales (preocupación constante, cansancio, irritabilidad y problemas para concentrarse y conciliar el sueño) y síntomas físicos: pulsaciones elevadas, sudoración excesiva, tensión muscular, temblores, mareos, desmayos, síntomas físicos como dolor de espalda, dolor de estómago, dificultad para dormir.

Para combatir la ansiedad, es importante adoptar un estilo de vida saludable, practicar ejercicio físico de forma regular, en especial al aire libre, ya que ayuda a despejar la mente y el cuerpo. Las técnicas de relajación y otras herramientas que puedes aprender en terapia te serán muy útiles para combatir la aparición de crisis, así como para evitar su cronificación.

La ansiedad es experimentada por todos en algún momento de la vida, así que es fundamental estar informad@ sobre sus síntomas y diferenciar cuando se produce un episodio aislado o cuando se convierte en un trastorno. En este último caso te aconsejo que comiences terapia psicológica y sigas las indicaciones que te proponen. Recuerda que los cambios requieren paciencia y constancia.